Claude Chabrol, un cirujano del cine francés


Evocar al recientemente desaparecido director francés nos sirve para recordar también que a diferencia de otros movimientos, la “Nueva Ola” nació como una estrategia cultural de cambio.



Promediando la década de los años 50, en el siglo XX se comenzaron a producir explosiones culturales en muchas partes del mundo, como reacciones espontáneas a las crisis que se suscitaban a raíz de propuestas neocolonialistas, de la aparición de novedosas aplicaciones para antiguas discriminaciones y del enquistamiento del capitalismo voraz que alejaría para siempre a los pobres de cualquier posibilidad de redención.
Muchos de los jóvenes europeos de esa época, no entendieron jamás cómo sus líderes y dirigentes seguían enfrascados en propuestas y polémicas belicistas y sectarias, si Apenas se estaban recuperando de las consecuencias de la II Guerra Mundial; el auge de la “Guerra Fría” los obligaba a tomar posición en un conflicto supuestamente ideológico que ellos no se habían inventado.

Expresionismo y modernismo contra el totalitarismo

Los antecedentes históricos le mostraron siempre a los europeos pensantes y a los artistas que siempre existiría el riesgo de que nuevos patriarcas llegaran al poder, con ideas e iniciativas extremistas y dispuestos a cumplir con lo que éstos pensaban eran sus tareas: “limpiar” sus naciones de la “inmundicia social”, incluyendo su estructura cultural.
Todo fue inútil: ni el Expresionismo ni el Modernismo que durante años trataron de masificar grandes artistas de España, Italia, Alemania, Rusia, Suiza y Francia, entre otros sirvieron para detener el advenimiento de los movimientos, las ideologías y los promotores del totalitarismo, de radicalismos monstruosos, de sangre y muerte.
De nada valieron los postulados y las propuestas de Gaugan, de Le Courbusier, de Rodchenco e inclusive de los nacientes surrealistas: el poder impuso su fuerza y lo hizo sentir en todo su rigor.

Artistas franceses le apuntan al cambio estructural de sus modelos culturales

Por eso, una vez que concluye la II Guerra Mundial, el mundo artístico y cultural espera que se abran espacios para que los jóvenes puedan hallar formas de expresión alejadas de los meramente bélicos. Pero no sucedió así: los gobernantes siguieron pensando con mentalidad de las épocas colonialistas y por eso se enfrascaron en guerras regionales o sub continentales, como la de Indochina, en donde Francia tenía, por ejemplo, enromes intereses.
Entonces, mientras muchos muchachos seguían siendo enrolados para ir a combatir a Vietnam, otros se dedicaron a elaborar modelos estructurales que proveyeran bases ideológicas consistentes, mucho más allá de la espontaneidad que se genera en momentos históricos específicos o como reacción a algo.
La “Nueva Ola” (“Novelle Vague”, nombre original en francés), por ejemplo sólo tiene de espontáneo su nombre, porque del resto es el fruto de una profunda y abundante argumentación intelectual.

Cuadernos de Cine para un movimiento libertario

Los “Cuadernos de Cine” (“Cahiers du Cinéma”, título original en francés), creados en 1951 se convirtieron en el vehículo para la construcción de un movimiento intelectual que reclamaba para todos el derecho fundamental a la libertad.
Desde su comienzo y una vez que varios de los más importantes colaboradores de esta publicación decidieran escribir, producir y dirigir sus propias películas, la Nueva Ola se abrió camino, trascendió fronteras, cruzó mares e inclusive superó las expectativas de sus propios generadores, pues en poco tiempo ya se le atribuían ideologías, pensamientos y acciones que inclusive iban en contravía de su propia concepción.
De entrada brillaron por sus propuestas, concepciones ideológicas y procederes algunos nombres que se perpetuarían en el tiempo, como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o Claude Chabrol, y quien fuera para muchos el gran precursor de todo esto, Jean Pierre Melville.

André Bazin, otra visión de la realidad

Si nos detenemos a pensar en los elementos y propuestas de pensamiento que motivaron a inspiraron la promoción de la Nueva Ola, es necesario detenerse en André Bazin, del quien se asimiló por ejemplo la importancia de retratar la realidad, pero determinando con antelación los ángulos de percepción, de manera que ésta sea verosímil, creando así una estructura conceptual teórica alimentada por todo el cine que los promotores “devoraron” en la Cinemateca del Barrio Latino de París.
De ahí que sus producciones se caracterizan por el alto contenido de espontaneidad, lo cual de paso implica darle cabida a la improvisación, en el guión y en la actuación. Por eso y también por las limitaciones presupuestales, cada director debió recurrir a sus formas particulares de encanto y a un inusitado optimismo y jovialidad para poder culminar sus proyectos.

Chabrol el cirujano de la cinematografía francesa

En medio de una propuesta de pensamiento a través de la cinematografía, el nombre de Claude Chabrol era reconocido, apreciado, admirado y también criticado por ser considerado un “diseccionador” de las sociedades modernas.
Su odio radical hacia los preceptos burgueses, su “way life” y en especial sobre los planes que éstos tenían para el mundo, hizo de él y de su obra fílmica un oscuro y mordaz enemigo del establecimiento, es decir del planeta como estaba en ese momento. Como testimonio de lo anterior están sus 60 películas, incluyendo a “El Bello Sergio” (1958), que marcó el punto de partida de todo lo que sobrevendía para Francia y para otros países en los años siguientes.
Su visión del mundo contemporáneo fue siempre siniestra. En muchas de sus películas, los actores, miembros inefables de una irrespetada a clase media siempre ocultaban secretos e incluso crímenes. Por estas razones solía compararlo con Alfred Hitchcock, el célebre personaje de la mediática norteamericana, de quien todos los miembros de la Nueva Ola fueron y son admiradores irrestrictos.