Si se quiere aplicar
la cinematografía a procesos pedagógicos de áreas temáticas relacionadas con
las ciencias humanas y sociales es perentorio contar con la obra de la francesa
Marguerite Duras. Lo mismo, pero tal vez con más relevancia, se puede decir, si
la intención es abordar temáticas relacionadas con el comportamiento de la
psiquis bajo diferentes tipos de presión, como la pasión y la guerra, por
ejemplo. La trascendencia de su trabajo literario y cinematográfico va más allá
de sus propias intenciones, pues se han hecho muchas adaptaciones fílmicas de
sus escritos, inclusive después de su muerte que han llegado a trascender entre
el público de Europa, Asia y Latinoamérica.
Marguerite
Duras, guionista de Hiroshima mon amour, drama
sicológico con sentido pacifista
Corre el final de
los años 50, la postguerra y la Guerra fría confluyen para formar
un escenario de temor e incertidumbre. La posibilidad latente de una guerra
nuclear genera un ambiente gris, casi sin futuro. En medio de todo esto una
pareja de amantes se desenvuelve en un ambiente poético, en un presente casi
teatral, pero sin duda alguna sin futuro. Hiroshima mon amour, (1959),
del director francés Alain Resnais, recoge un guión de Duras, quien plantea
como eje en el fondo de una tórrida relación entre una actriz francesa y un,
por momentos indescifrable, japonés, una posición ideológica y política
alrededor de la actitud de los poderosos de ese entonces y el futuro de la
humanidad. Se trató de una expresión propia de una segmento de la generación
que en los años siguientes expresaría de muy originales y en la mayoría de los
casos válidas maneras, la necesidad de enfrentar sin armas físicas la voluntad
de quienes, en el afán desaforado por el poder político y económico, parecían
no dudar a la hora de tomar una determinación que ponga en riesgo el destino de
todo vestigio de vida en el planeta. Duras coloca aquí en primer plano en
conjugación con un trasfondo a veces sutil y en otras ocasiones descarnado, los
temas que siempre motivarían su producción artística: la intensidad de las
relaciones íntimas y el devenir de las sociedades contemporáneas y Resnais no
tuvo problema en mostrarlo así en la pantalla.
El amante,
discutida adaptación de la obra cumbre de Marguerite Duras
En 1991, otro
director francés, Jean - Jacques Annaud saca a la luz su versión de El
amante, obra emblemática y casi que autobiográfica de Duras, en lo que se
consideró una acción osada de Annaud, pues pese a los éxitos alcanzados con
producciones como El nombre de la rosa, basada en la obra de Umberto
Eco, se consideraba una afrenta hacer una versión de una persona que fue
escritora toda su vida y que cuando quiso que sus obras llegaran a la pantalla
grande, ella misma se encargó de los guiones y hasta de la dirección. Lo cierto
es que la crítica no recibió con buenos ojos la propuesta fílmica de Annaud,
aunque los espectadores de todo el mundo asistieron a las salas de cine, en
parte para tratar de asimilar un poco de ese mundo de la colonia francesa en la
parte baja del continente asiático, que pintó magistralmente Marguerite Duras
en esta obra.
Valor pedagógico
de la obra fílmica de Marguerite Duras
La presencia de
Duras en el cine se puede medir de la siguiente manera: Moderato Cantabile
(1960) de Peter Brook, adaptación de su obra. Una larga ausencia (1961),
guionista. Madmoiselle (1966), de Tony Richardson, con guión de Duras,
quien hizo la adaptación de la obra de Jean Genet. La ladrona (1966),
dirigida por Jean Chapot, con Duras, como coguionista. 10:30 pm. Verano,
(1966), de Jules Dassin, adaptación de la obra de Duras. Marguerite Duras
dirige su primera película La Música, en 1967. Vuelve a filmar con Tony
Richardson, en la adaptación de su obra El marino de Gibraltar. Dos años
después dirige Detruire, Dit – Elle y más adelante Jaune le Sol (1972), Nathalie
Granger (1972), La femme du gange (1974), Indian Song (1975),
Des journees entieres dans les arbres (1976), Baxter, Vera Baxter
(1977), El camión (1978), Le navire night (1979), Agata y los
lectores iluminados (1981), El hombre Atlántico, (1981) y Los
niños (1984). El aporte a la pedagogía del cine es muy importante pues su
participación se destacó por los aportes al manejo de temas profundos y
delicados, como la convivencia social en tiempos de imposiciones, la sexualidad
en parejas de diferentes edades y el erotismo como forma de vida, entre otros
elementos.


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