Evocar al recientemente desaparecido director
francés nos sirve para recordar también que a diferencia de otros movimientos,
la “Nueva Ola” nació como una estrategia cultural de cambio.
Promediando la década de los años 50, en el siglo
XX se comenzaron a producir explosiones culturales en muchas partes del mundo,
como reacciones espontáneas a las crisis que se suscitaban a raíz de propuestas
neocolonialistas, de la aparición de novedosas aplicaciones para antiguas
discriminaciones y del enquistamiento del capitalismo voraz que alejaría para
siempre a los pobres de cualquier posibilidad de redención.
Muchos de los jóvenes europeos de esa época, no
entendieron jamás cómo sus líderes y dirigentes seguían enfrascados en
propuestas y polémicas belicistas y sectarias, si Apenas se estaban recuperando
de las consecuencias de la II Guerra Mundial; el auge de la “Guerra Fría” los
obligaba a tomar posición en un conflicto supuestamente ideológico que ellos no
se habían inventado.
Expresionismo y modernismo contra el totalitarismo
Los antecedentes históricos le mostraron siempre a
los europeos pensantes y a los artistas que siempre existiría el riesgo de que
nuevos patriarcas llegaran al poder, con ideas e iniciativas extremistas y
dispuestos a cumplir con lo que éstos pensaban eran sus tareas: “limpiar” sus
naciones de la “inmundicia social”, incluyendo su estructura cultural.
Todo fue inútil: ni el Expresionismo ni el
Modernismo que durante años trataron de masificar grandes artistas de España,
Italia, Alemania, Rusia, Suiza y Francia, entre otros sirvieron para detener el
advenimiento de los movimientos, las ideologías y los promotores del
totalitarismo, de radicalismos monstruosos, de sangre y muerte.
De nada valieron los postulados y las propuestas de
Gaugan, de Le Courbusier, de Rodchenco e inclusive de los nacientes
surrealistas: el poder impuso su fuerza y lo hizo sentir en todo su rigor.
Artistas franceses le apuntan al cambio estructural
de sus modelos culturales
Por eso, una vez que concluye la II Guerra Mundial,
el mundo artístico y cultural espera que se abran espacios para que los jóvenes
puedan hallar formas de expresión alejadas de los meramente bélicos. Pero no
sucedió así: los gobernantes siguieron pensando con mentalidad de las épocas
colonialistas y por eso se enfrascaron en guerras regionales o sub
continentales, como la de Indochina, en donde Francia tenía, por ejemplo,
enromes intereses.
Entonces, mientras muchos muchachos seguían siendo
enrolados para ir a combatir a Vietnam, otros se dedicaron a elaborar modelos estructurales
que proveyeran bases ideológicas consistentes, mucho más allá de la
espontaneidad que se genera en momentos históricos específicos o como reacción
a algo.
La “Nueva Ola” (“Novelle Vague”, nombre original en
francés), por ejemplo sólo tiene de espontáneo su nombre, porque del resto es
el fruto de una profunda y abundante argumentación intelectual.
Cuadernos de Cine para un movimiento libertario
Los “Cuadernos de Cine” (“Cahiers du Cinéma”,
título original en francés), creados en 1951 se convirtieron en el vehículo
para la construcción de un movimiento intelectual que reclamaba para todos el
derecho fundamental a la libertad.
Desde su comienzo y una vez que varios de los más
importantes colaboradores de esta publicación decidieran escribir, producir y
dirigir sus propias películas, la Nueva Ola se abrió camino, trascendió
fronteras, cruzó mares e inclusive superó las expectativas de sus propios generadores,
pues en poco tiempo ya se le atribuían ideologías, pensamientos y acciones que
inclusive iban en contravía de su propia concepción.
De entrada brillaron por sus propuestas,
concepciones ideológicas y procederes algunos nombres que se perpetuarían en el
tiempo, como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o
Claude Chabrol, y quien fuera para muchos el gran precursor de todo esto, Jean
Pierre Melville.
André Bazin, otra visión de la realidad
Si nos detenemos a pensar en los elementos y
propuestas de pensamiento que motivaron a inspiraron la promoción de la Nueva
Ola, es necesario detenerse en André Bazin, del quien se asimiló por ejemplo la
importancia de retratar la realidad, pero determinando con antelación los
ángulos de percepción, de manera que ésta sea verosímil, creando así una
estructura conceptual teórica alimentada por todo el cine que los promotores
“devoraron” en la Cinemateca del Barrio Latino de París.
De ahí que sus producciones se caracterizan por el
alto contenido de espontaneidad, lo cual de paso implica darle cabida a la
improvisación, en el guión y en la actuación. Por eso y también por las
limitaciones presupuestales, cada director debió recurrir a sus formas
particulares de encanto y a un inusitado optimismo y jovialidad para poder
culminar sus proyectos.
Chabrol el cirujano de la cinematografía francesa
En medio de una propuesta de pensamiento a través
de la cinematografía, el nombre de Claude Chabrol era reconocido, apreciado,
admirado y también criticado por ser considerado un “diseccionador” de las
sociedades modernas.
Su odio radical hacia los preceptos burgueses, su “way
life” y en especial sobre los planes que éstos tenían para el mundo, hizo
de él y de su obra fílmica un oscuro y mordaz enemigo del establecimiento, es
decir del planeta como estaba en ese momento. Como testimonio de lo anterior
están sus 60 películas, incluyendo a “El Bello Sergio” (1958), que marcó el
punto de partida de todo lo que sobrevendía para Francia y para otros países en
los años siguientes.
Su visión del mundo contemporáneo fue siempre
siniestra. En muchas de sus películas, los actores, miembros inefables de una
irrespetada a clase media siempre ocultaban secretos e incluso crímenes. Por
estas razones solía compararlo con Alfred Hitchcock, el célebre personaje de la
mediática norteamericana, de quien todos los miembros de la Nueva Ola fueron y
son admiradores irrestrictos.

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